domingo, 27 de abril de 2014

I don't mean to be a bother, but there's an entire universe inside you

El otro día me puse a pensar sobre qué debía tener una persona para que yo la considerara valiosa, una persona que valiera la pena.
¿Tendría que ser buena persona? ¿Tendría que ser graciosa? ¿O debería ser más bien cariñosa?
Estuve varios días sin poder responder a esta pregunta, ya que me parecía que todas las respuestas eran muy vagas y sin sentido.

Pero entonces anoche, sin darme cuenta, encontré la respuesta correcta (mi respuesta correcta), de la cual estoy muy satisfecha por haber descubierto.

Cuando estaba tumbada en la cama, empecé a pensar en un buen amigo mío, el cual es una de las personas que más aprecio, aunque nunca lo hubiera dicho. 
Esta persona es muy cálida, es alguien a quien te puedes acercar fácilmente, que siempre está contento y tiene un sentido del humor muy bueno. Cuando hablas con él, sientes que te presta toda la atención y que está interesado, y siempre se ríe aunque lo que hayas dicho no tenga ni una pizca de gracioso. Además, tiene muy claro cómo es él, sus principios son muy claros y es muy fiel a ellos. Aun así, él es muchas veces una persona muy irritante, descarada, molesta, e idiota.
En definitiva, es una persona normal con sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.

A lo que quiero llegar con esto, no es tener la oportunidad de hablar de mi tan querido amigo, sino para mostrar cómo pude llegar a la respuesta de la pregunta del principio.

Me di cuenta de que las personas no pueden tener x características que hagan que sean especiales.
Una persona es especial por sí misma. Y dos personas valiosas para mí nunca van a ser iguales, porque entonces ya no serían tan valiosas. 

Lo que sí es verdad, es que todas las personas a las que considero que valen la pena, siempre son personas que son ellas mismas y que su espíritu es prácticamente inquebrantable.




viernes, 18 de abril de 2014

Life's a wonderful chance

En primer lugar, es necesario tener prioridades. No puedes vivir eternamente yendo y viniendo junto con la marea, sin saber a dónde vas ni por qué ni cómo. En este mundo, las personas debemos tener muy presentes lo que queremos, lo que necesitamos, porque si no, no seremos nosotros mismos. Es una necesidad básica como comer, dormir o enamorarse. Si no sabes qué quieres, qué objetivos quieres conseguir en esta vida por los cuales lucharías y lucharías hasta derrotar incluso al más grande y al más fuerte, si sigues dormido en los laureles esperando a que “algo” interesante ocurra, nunca vas a estar satisfecho con el gran privilegio que tienes, que es el de haber podido vivir de forma tan efímera y bonita en este mundo. Sin nada que desees con todo tu ser, tu ser ya no es.
 Pero no es solo conseguir algo en esta vida, es disfrutar del camino hasta que llegues ahí, es crear fantásticas historias con la gente que es importante para ti, es descargarse el peso de los hombros y andar más ligero, es apreciar los pequeños detalles de los que no te habías dado cuenta cuando caminabas deprisa, es aprender a ser feliz aunque seas la única persona del planeta, aunque estés rodeada por las siete mil millones de personas que aquí vivimos.
 ¿Qué por qué es importante tener tus prioridades claras? Porque el camino que sigas, si es el correcto, será muy largo y duro, y no puedes perder tiempo en cosas que realmente no importan y no tiene sentido conservar. La cantidad no importa- la calidad sí. Por mucho que tengas, si eso te hace infeliz, entonces serás la persona que menos tenga. Sólo quédate con lo que creas que conservarás para siempre, lo que es valioso, lo que te hace bien.
Será importante que tengas bien claro quién eres y por qué haces lo que haces. Esto es totalmente necesario porque te aseguro que habrá, y no una, sino muchísimas personas que querrán verte por los suelos, querrán amargarte la existencia, querrán echar a la mierda todo por lo que luchas y toda tu determinación para conseguirlo, querrán hacerte ver que todo ese esfuerzo no sirve para nada, y te aseguro también que lo conseguirán-PERO- solo si dudas, si tus principios no están claros.
 Es TOTALMENTE OBLIGATORIO que te tengas a ti como primera prioridad, si no, ¿para qué estás aquí?, no tiene ninguna razón de ser. Si tú no estás bien, los que estén a tu lado tampoco lo estarán del todo. Es verdad que es necesario saber ser feliz por uno mismo, pero lo queramos o no, somos seres sociales que vivimos en sociedades donde viven otros seres sociables asimismo. Por lo tanto, cuidar tus relaciones con esas personas de tu selección especial, después de ti mismo, es lo más primordial.
 Deja de tomarte las cosas tan en serio y deja de tomártelas tan a la ligera. Hay que tener un equilibrio, porque ni la vida es tan trascendental como para tomársela a pecho, ni tan poco valiosa como para menospreciarla- al fin y al cabo, las probabilidades de que el óvulo de tu madre se encontrara con el espermatozoide de tu padre que te crearon son de 400.000.000.000.000.000- aproximadamente la cantidad de metros cúbicos del Océano Atlántico. Así que, lo normal es que no hubieras nacido, mientras que lo contrario es un privilegio que no puedes tirar por la borda de buenas a primeras.
Si tienes miedo a que tu existencia se olvide, quítate enseguida esa preocupación, porque está clarísimo que va a ser así. De todas las miles de millones de personas que han existido a lo largo de la historia, solo unos pocos se recuerdan  y al final, nadie será recordado porque no habrá nadie que recuerde, para entonces solo seremos átomos dispersos en el universo.
 Si quieres pensar que la vida tiene sentido, se lo tendrás que dar tú, por lo tanto no tendrá “sentido”, sino un “sentido único” que será el tuyo y el de nadie más.
Por supuesto que quieres ser feliz, todos se merecen serlo, pero para serlo tienes que ser infeliz primero.
Para apreciar la compañía, tienes que estar solo antes.
Para poder reír, tendrás que llorar y reír con más ganas aún.
Para las cosas buenas, tendrás que apreciar las cosas malas, porque esas te hacen apreciar aún más las buenas.

Y, al final de tu vida dirás “He sido tan miserable y feliz… he vivido tan mal y tan bien… que no quiero vivir más, porque ya ni lo necesito. Al fin y al cabo, aunque corta, mi vida ha sido plena”.