domingo, 27 de abril de 2014

I don't mean to be a bother, but there's an entire universe inside you

El otro día me puse a pensar sobre qué debía tener una persona para que yo la considerara valiosa, una persona que valiera la pena.
¿Tendría que ser buena persona? ¿Tendría que ser graciosa? ¿O debería ser más bien cariñosa?
Estuve varios días sin poder responder a esta pregunta, ya que me parecía que todas las respuestas eran muy vagas y sin sentido.

Pero entonces anoche, sin darme cuenta, encontré la respuesta correcta (mi respuesta correcta), de la cual estoy muy satisfecha por haber descubierto.

Cuando estaba tumbada en la cama, empecé a pensar en un buen amigo mío, el cual es una de las personas que más aprecio, aunque nunca lo hubiera dicho. 
Esta persona es muy cálida, es alguien a quien te puedes acercar fácilmente, que siempre está contento y tiene un sentido del humor muy bueno. Cuando hablas con él, sientes que te presta toda la atención y que está interesado, y siempre se ríe aunque lo que hayas dicho no tenga ni una pizca de gracioso. Además, tiene muy claro cómo es él, sus principios son muy claros y es muy fiel a ellos. Aun así, él es muchas veces una persona muy irritante, descarada, molesta, e idiota.
En definitiva, es una persona normal con sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.

A lo que quiero llegar con esto, no es tener la oportunidad de hablar de mi tan querido amigo, sino para mostrar cómo pude llegar a la respuesta de la pregunta del principio.

Me di cuenta de que las personas no pueden tener x características que hagan que sean especiales.
Una persona es especial por sí misma. Y dos personas valiosas para mí nunca van a ser iguales, porque entonces ya no serían tan valiosas. 

Lo que sí es verdad, es que todas las personas a las que considero que valen la pena, siempre son personas que son ellas mismas y que su espíritu es prácticamente inquebrantable.




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