El mundo se va a la mierda. En muchos sentidos.
Llevo, literalmente, más de la mitad de mi vida preocupada por ese hecho. Estoy horrorizada por cómo están yendo las cosas, hay guerras, la gente muere de hambre o por bombas, contaminamos nuestro aire y explotamos nuestra tierra, nuestros gobernantes no se preocupan por sus ciudadanos, matamos indiscriminadamente a todo ser viviente del cual podemos sacar beneficios, etc., etc.
Y, aun así, sueno la persona más hipócrita y falsa del planeta.
Y ese es el mayor problema.
Hoy en día, a nadie le interesan los problemas de la humanidad. Vivimos en un mundo extremadamente individualista y creemos que lo único que importa es nuestra satisfacción personal y nuestro bienestar. Pensamos que esos problemas, reales, no nos van a afectar y ni siquiera pensamos que sean realistas. Preferimos taparnos los ojos y los oídos y pensar que todo está bien.
Hemos perdido nuestra humanidad.
Y lo peor de todo, es que solo nos daremos cuenta cuando sea demasiado tarde (si es que no lo es ya).
Saber que estamos todos en peligro, saber que nuestros hijos, nietos, bisnietos... vivirán en un mundo (el mundo que les hemos dejado) que estará lleno de mierda (literal y metafóricamente), que les dejaremos un mundo horrible en el que tendrán que vivir, que dejaremos a otras personas un lugar más doloroso que el que este ya es... Ese tipo de pensamientos me reconcomen la conciencia día y noche, y me preocupan aún más que mis problemas personales.
Saber que las personas que realmente se preocupan por estas cosas somos tan pocas, sentirme sola con respecto a este tema, me da tanta impotencia, que ya no sé qué hacer.
Si esto fuera algo que se pudiera resolver con el esfuerzo individual, sería otra historia, pero es imposible resolverlo siendo uno solo.
¿Cómo podéis vivir con tanta despreocupación dentro de vuestra zona de confort y sabiendo que fuera se están cometiendo atrocidades, sabiendo que sois en parte causantes de todo eso?
Puede que no sea la más indicada para hablar.
Pero YO, no me quedaré de brazos cruzados para siempre, y ahí está la diferencia.
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