"¡MAÑANA, MAÑANA!"
¡Cuán vacíos, cuán anodinos e insignificantes son casi todos los días vividos! ¡Qué escasas huellas dejan! ¡Cuán estúpido y falto de sentido ha sido el trascurrir de todas esas horas, una tras otra!
Y, sin embargo, el hombre quiere existir: aprecia la vida y confía en ella, en sí mismo y en el porvenir... ¡Y cuánto bien espera de ese porvenir! Pero, ¿por qué se imagina que los días venideros no habrán de parecerse a este día recién vivido?
Es que ni siquiera se lo imagina. No suele meditar, y hace bien.
<<¡Mañana, mañana sí!>>- se consuela a sí mismo, hasta que ese <<mañana>> lo lleve a la tumba.
Y una vez en la tumba, quieras o no, ya dejas de meditar.
¡Cuán vacíos, cuán anodinos e insignificantes son casi todos los días vividos! ¡Qué escasas huellas dejan! ¡Cuán estúpido y falto de sentido ha sido el trascurrir de todas esas horas, una tras otra!
Y, sin embargo, el hombre quiere existir: aprecia la vida y confía en ella, en sí mismo y en el porvenir... ¡Y cuánto bien espera de ese porvenir! Pero, ¿por qué se imagina que los días venideros no habrán de parecerse a este día recién vivido?
Es que ni siquiera se lo imagina. No suele meditar, y hace bien.
<<¡Mañana, mañana sí!>>- se consuela a sí mismo, hasta que ese <<mañana>> lo lleve a la tumba.
Y una vez en la tumba, quieras o no, ya dejas de meditar.
- Iván S. Turguénev
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